The Last Guardian

En mi sueño, volaba. Volaba a través de la oscuridad. Me desperté en una misteriosa cueva. Me di cuenta de que no estaba solo. A mi lado había una bestia come hombres… “Trico”.

Así nos introduce el Team ICO en su nueva obra: The Last Guardian. Llevaba esperando este videojuego muchos años tras haber quedado maravillado primero con ICO – del que toma nombre el equipo de desarrollo – y más tarde con The Shadow of the Colossus, la que es – para mí – su obra magna hasta la fecha. ¿Ha valido la pena una espera tan larga? Más o menos. Si tuviera que describir este videojuego con una palabra, ésta sería “decepcionante”. Pero no todo está perdido y voy a desarrollar un poco el motivo de esta afirmación.


Con The Last Guardian para PlayStation 4 nos encontramos, ya de entrada, con una mentira. No es un videojuego de PS4. Es un videojuego de PS3 metido con calzador en una PS4 por motivos meramente comerciales. No hay justificación técnica alguna para que este juego no haya aparecido en PS3. Gráficamente está una generación por detrás, y no precisamente en la cima de esa generación, sino más bien apurando la media. Lo que viene a ser un videojuego gráficamente mediocre. Esto choca viniendo de un equipo que sacó el mayor portento gráfico en PlayStation 2 – hablo de The Shadow of the Colossus – dejándonos a todos con la boca abierta. Su llegada, por cierto, también fue tardía – ya había llegado la siguiente generación -, pero en este caso fueron coherentes y decidieron publicarla de todas formas en la plataforma para la que había sido concebida. En The Last Guardian vienen con gráficos que ya se figuran vetustos, y además intentan engañarnos con efectos exagerados de luz que tapan esas texturas mediocres. A ojos avezados como los de los que llevamos décadas jugando a videojuegos, esto no pasa inadvertido.

Por suerte para el Team ICO, hay gente – entre la que me incluyo – para la que los gráficos no tienen tanto peso a la hora de valorar un título. El problema es que no son solo los gráficos, es la factura técnica en general. El control, la cámara, el rendimiento… si el juego tuviera los gráficos mediocres pero hubiera sido una gozada jugarlo y se hubiera sentido fluido, no habría importado. Con los gráficos que tiene es suficiente para plasmar el soberbio trabajo hecho en el apartado artístico. Por desgracia, el juego es un auténtico despropósito técnico. Nos encontramos ante un control que ha involucionado desde las anteriores entregas. El control del protagonista es burdo y no lo mejora una cámara que es, posiblemente, la peor que he visto sufrido desde tiempos de la PlayStation original. No es extraño verse observando un trozo de pared o de techo, o exasperarse cuando se cabalga sobre Trico por un túnel sin enterarse de absolutamente nada porque la cámara está a por uvas. Tremendo desastre.

La cosa no acaba ahí. Hay secuencias que podrían ser de lo más épico que desmejoran hasta hacer sentir vergüenza ajena por la exageradísima ralentización. Uno no puede dejar de preguntarse: si la PS4 es capaz de mover Uncharted 4 como la seda, ¿por qué demonios este juego, varios órdenes de magnitud por debajo gráficamente, va a trompicones? Solo hay una explicación: está mal hecho. Simple y llanamente. La factura técnica de este videojuego es chapucera; lo cual, contando que el desarrollo ha durado diez años, no tiene excusa ni perdón. Es muy triste que la magia de una escena conmovedora se vea truncada de forma cruel por una desincronización y la ralentización.

En el último apartado de la vergüenza, que no el menos importante, tenemos la inteligencia artificial de Trico. El comportamiento de la bestia, que es el eje principal sobre el que orbita tanto la trama como la jugabilidad, es francamente desesperante. El jugador debe interactuar con él e incluso ordenarle que haga ciertas cosas para seguir avanzando. Esto estaría bien si Trico no se comportase como un ser sordo, ciego y autista. Hay ocasiones en las que el rompecabezas ya está resuelto en la cabeza del jugador, pero es totalmente incapaz de ejecutarlo porque Trico no hace ningún caso. Invertir minutos y minutos de juego en que una bestia autista te haga caso no es divertido, es más, convierte algunos episodios del juego en puro tedio y frustración.

Creo que con todo lo anterior hay suficiente para hacerse una idea de la magnitud de la tragedia con este juego pospuesto hasta la eternidad, esperado hasta la desesperación y magnificado por la mercadotecnia hasta la náusea. Como dije, no obstante, no todo está perdido.

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The Last Guardian tiene un trabajo artístico sublime. Tanto la bestia como la escenografía son bellísimos, y se nota el mimo y el respeto por la obra en cada detalle. La fotografía merece mención aparte en algunos casos en las que el niño va montado a lomos de la bestia mientras ésta se posa sobre algún pilar en lo más alto, dándonos una perspectiva algo vertiginosa del terreno recorrido hasta llegar allí. El resto de elementos son fieles a la estética de ICO, del que más bebe con diferencia, y de The Shadow of the Colossus. Esto es algo bueno, ya que ambos juegos son de una gran belleza y tienen una gran personalidad propia que hace que no dudemos de que nos encontramos en ese mismo universo teamiconiano.

El ritmo con el que nos cuenta la historia puede resultar algo lento a algunos jugadores acostumbrados a títulos de acción más trepidantes. A mí me resulta perfecto. Nos encontramos acompañando a esta peculiar pareja de desconocidos que terminarán siendo inseparables en una huida que parece imposible de un complejo perdido en un valle en lo alto de una montaña. El guión se asemeja mucho al de ICO, aunque con un cambio de roles interesante. En ICO, el niño es el personaje fuerte mientras que Yorda es una frágil doncella a la que debemos proteger de las malvadas sombras que quieren raptarla. En The Last Guardian, el niño es el débil, y depende totalmente de la brutal fuerza de Trico para poder enfrentarse a las armaduras que quieren encerrarle sin un motivo aparente. Hemos pasado de tener un rol protector, más habitual en el mundo de los videojuegos, a un rol de protegido en el que muchas veces somos la parte pasiva. Esto propicia una relación de dependencia para con Trico que nos hará replantearnos la forma de afrontar los peligros contando con un poder que escapa a nuestro control. Es una absoluta genialidad bien respaldada – esta vez sí – por la inteligencia artifical de Trico que nunca duda cuando hay enemigos cerca, y mucho menos si uno de ellos se acerca peligrosamente a nosotros.

Al gran trabajo artístico y el buen guión los acompaña una banda sonora sobresaliente. Si bien no es tan épica ni se graba tanto a fuego en la cabeza como la de The Shadow of the Colossus, acompaña perfectamente cada acto del juego y nos hace sentir en un mundo mágico de fantasía. Ya desde el mismo principio, la música de este videojuego te atrapa y te envuelve de tal manera que sabes que te hallas ante una obra de arte en mayúsculas. Hay momentos en los que recuerda otras grandes bandas sonoras como puede ser la de El Señor de los Anillos o Avatar, y poco más hay que añadir a este comentario, salvo que el lector la escuche.


Para terminar, y habiendo expuesto lo bueno y lo malo de esta obra, quiero hacer notar algo. Lo más importante de un videojuego es su alma. Estamos rodeados de videojuegos desalmados que solo son un bonito cascarón de buenos gráficos, proezas técnicas que nos dejan incompletos con su oquedad y su intrascendencia. The Last Guardian tiene lo más importante, que es su alma. Es un videojuego único, bello y original. Por eso digo que no todo está perdido, porque el apartado técnico es algo que puede resolverse en futuras versiones para otros sistemas. No me cabe duda de que la obra detrás de ese desastre técnico sobrevivirá para resurgir de sus cenizas en un envoltorio digo. No es digno de ser comprado actualmente como producto, pero sí de ser gozado como obra de arte que es en cuanto se dé la oportunidad.

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