Arte

arte. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros.

Así define, en una de sus acepciones, el diccionario de la Real Academia Española de la lengua la palabra “arte”. Con base en lo anterior puedo empezar a divagar sobre un tema al que le he dado vueltas desde muy joven.

Quizás al principio sí fue así, pero no es justo que la gente siga definiendo los videojuegos como “matar marcianitos”. Creo que ha llovido lo suficiente desde el Space Invaders como para que empecemos a darnos cuenta de qué papel juegan los videojuegos en la sociedad actual. Siendo una industria que mueve más dinero que la del cine y la música juntas desde hace tiempo, convendría ver qué hay detrás de todo esto.

La gente que no gusta de entretenerse con videojuegos tiende a denostarlos y a mofarse de quienes sí lo hacen. Al no conocer el mundo de los videojuegos lo hacen desde la ignorancia y, por tanto, su opinión se debe coger con pinzas. Sólo quienes se han emocionado con la historia de Final Fantasy VII, quienes se han sobrecogido ante lo épico de Shadow of the Colossus o quienes hayan reído a carcajadas con el humor del Secret of Monkey Island pueden entender lo que intento decir.

Para mí, un videojuego no es más que una forma de expresión, un medio más para transmitir ideas y sentimientos enmarcados en una historia. Si el cine es el séptimo arte, el videojuego es el octavo. Si no lo ves así, no te preocupes, los coetáneos a los artistas tienden a no apreciar su talento. La historia ha demostrado que no es sino décadas o siglos más tarde cuando tendemos a reconocer el mérito de éstos por realizar sus creaciones son los medios de que disponían.

Por supuesto, y como en todas las artes, se produce mucha basura. La mayoría de videojuegos son de baja calidad, cuando no infumables o directamente esperpénticos. También lo es la mayoría de la música que se compone, la mayoría de las películas que se ruedan o la mayoría de cuadros que se pintan. Eso no es óbice para que, de vez en cuando, una obra sobresalga por su calidad y nos emocione. Los videojuegos siguen el mismo patrón. Me considero un consumidor de videojuegos muy sibarita. El tiempo es valioso y no me gusta jugar por jugar. Cuando voy a jugar a un videojuego, lo hago porque espero algo fuera de serie. No quiero matar marcianitos – vale, a veces sí, pero eso es harina de otro costal – sino emocionarme o maravillarme.

Los videojuegos, como cualquier otra obra, nacen en un momento determinado de la historia en que se cuenta con unos medios. En ocasiones me preguntan por qué me maravillo con el despliegue visual de un videojuego antiguo, cuando hay algunos modernos que le dan millones de vueltas en ese aspecto. Quizás es porque, al pertenecer al gremio de la informática, sé lo que hay debajo, pero puedo asegurar que hay videojuegos que, sabiendo los medios con que se hicieron, son auténticas obras de arte. Que el artista usase un teclado en lugar de un cincel o un pincel es lo de menos.

Aparte de todo lo anterior, los videojuegos siempre tienen un guión detrás. Según la calidad y las pretensiones del videojuego, el guión será más o menos elaborado. Pero existen videojuegos con unos guiones que superan ampliamente a las mejores superproducciones de Hollywood. No en vano en la industria del cine cada vez se mira más hacia los videojuegos para inspirarse. Hay guionistas como Hironobu Sakaguchi a los que sólo puedo definir con la palabra “genio”. Si su historia se adereza, además, con una banda sonora compuesta por Nobuo Uematsu, la creación deviene absolutamente sublime.

Escribo esto para rememorar que hace diez años empecé a escribir mi primera novela basada en la historia de un videojuego, la cual terminé cinco años más tarde, y que hoy me dispongo a reescribir, porque ni mi técnica es la misma, ni mi vocabulario es el mismo, ni yo mismo lo soy. Espero poder darle otra vuelta de tuerca y emocionar a alguien como me emocionó a mí la historia de dicha obra.

Sin otro particular, me despido. Sólo espero que la próxima vez que veas un videojuego lo mires con otros ojos, porque quizás esconde más en su interior de lo que parece.

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