Algo no funciona

Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es pero ahí está como una astilla clavada en tu mente, y te está enloqueciendo.

Así introduce Morfeo el percal que está a punto de desvelarle a Neo, un neófito en esto del mundo real, en adelante, auténtico. Los seres humanos se hallan atrapados en un sistema digital que les hace vivir sus vidas, inconscientes, mientras están encerrados en vainas envueltos en gelatina. No deja de ser cierto lo que dice: algo no funciona en el mundo. Yo particularmente creo que es el sistema capitalista como está concebido actualmente, pero que cada uno eche la culpa a lo que quiera.

Hallábame pensando un poco en qué es esto del dinero. La gente vive obsesionada con él, estamos de acuerdo en esto. Pero el dinero en sí es papel, es metal o, directamente, un número en una pantalla o impreso en alguna parte. Dicen que no hay nada que no se compre, y es que el dinero no es más que un medio para obtener algo. Partimos, por tanto, de estas dos premisas:

  • La gente vive obsesionada con el dinero.
  • El dinero es un medio para obtener algo.

No es necesario ser un hacha de la deducción lógica para llegar a la conclusión de que la gente vive obsesionada con un medio para obtener algo. Dicho de otra forma, acumular dinero en una cuenta es acumular capacidad de consumo. De modo que a la gente le gusta consumir. ¿Consumir qué? Tomemos un desvío y pasemos a analizar lo que significa “algo” en la segunda premisa.

Con el dinero compramos bienes y servicios. Pero, ¿qué hay detrás de todo esto? Esfuerzo. Cuando compramos una manzana no pagamos el fruto, sino el esfuerzo de alguien que lo ha cultivado y recogido, el esfuerzo de alguien que lo ha distribuido y el esfuerzo de quien todas las mañana se levanta temprano y repone el género en su puesto de fruta. Todo bien de consumo tiene detrás el esfuerzo de muchas personas. En el caso de los servicios la relación es más directa. Es fácil ver que si pagas a un botones estás pagando por su esfuerzo en llevar tu equipaje. En algunos bienes de consumo también se hace evidente, como en el caso de las pipas peladas o el tomate triturado, en los que pagamos por quitarnos el esfuerzo de pelar o triturar respectivamente. En otros bienes es más complejo, pero siempre podemos reducirlo a un esfuerzo que se desplaza de un lado a otro.

El dinero compra esfuerzo ajeno. Cuanto más dinero tenemos, más cómodo vivimos, pues menos esfuerzo propio debemos invertir. Esto puede resultar, a priori, algo deseable, o eso le parece a millones de personas. No es oro todo lo que reluce, o que pregunten a los psicólogos. Existe una relación entre el esfuerzo y la realización, la satisfacción de saber hacer. Uno puede pintar su casa o, por el contrario, comprar el esfuerzo de un pintor para que lo haga por él. Esto no debe ser perverso en sí mismo, pero es fácil que se escape de las manos. La comodidad es adictiva, y tener dinero puede volverte inútil sin necesidad de ser rico. Cuando uno se acostumbra a que lo hagan todo por él, a poder disponer del esfuerzo de los demás, entra en un círculo vicioso. Puede estar rodeado de cosas presuntamente valiosas que no le llenan por no haberle costado ningún esfuerzo. Entramos, pues, en la paradoja del rico insatisfecho, del que lo tiene “todo” y está de capa caída.

Compara la efusividad de quien te enseña un mueble caro que ha comprado en alguna tienda con la de quien muestra un mueble hecho por él mismo con algunas tablas que compró a precio de saldo. Lo más probable es que quien compró permanezca impasible ante tu admiración por el mueble entretanto el manitas tenga una sonrisa de oreja a oreja mientras te explica todos los detalles del proceso de fabricación del mueble, así como las batallitas y los percances sufridos por el camino. ¿Qué es la vida sino esas pequeñas batallitas que podemos contar? Que se lo digan a los abuelos.

Ya para terminar me gustaría hacer un apunte. Todo lo que obtenemos pagando adolece, a mi parecer, del mismo defecto: la falta de autenticidad. Cuando necesitas pagar por el esfuerzo de alguien para obtener algo deja de ser auténtico. No es algo espontáneo, como un regalo, es algo que has forzado. Quizás el ejemplo más gráfico sea la prostitución. Pagar a alguien para que se acueste contigo es admitir que este hecho requiere de esfuerzo, cuando el sexo auténtico es un placer, no una obligación. Esto puede resultar en una pequeña euforia que dura un instante y una larga y amarga frustración posterior. El consumismo es exactamente lo mismo a un nivel menos genital pero igual de emocional.

No intento criminalizar el consumo, pues soy consciente de que uno de los avances de vivir en sociedad es precisamente que entre todos hacemos más y mejor que individualmente. Yo no podría hacerme el pan todos los días, construirme un coche para moverme o fabricar vacunas. Este modelo está bien si no se pervierte. Me explico: todo se basa en un intercambio de esfuerzos. Yo hago algo en lo que soy bueno y tú haces algo en lo que eres bueno. Yo compro tu esfuerzo y tú compras el mío, así ambos nos beneficiamos con un producto bien hecho. Avanzamos de la mano.

Esta no es la realidad en un sistema capitalista salvaje como en el que vivimos.

La realidad es que se puede generar dinero sin esfuerzo, que hay gente que nace con dinero y que se le roba el dinero a los que deben esforzarse por conseguirlo. Para que el sistema funcionase correctamente todos deberíamos partir de la misma posición para tener que aportar nuestro esfuerzo a cambio de beneficiarnos del de los demás. En el momento en que se permite que gente ostente posiciones privilegiadas desde el principio se convierte en un sistema donde el esfuerzo de la mayoría está controlado por esfuercijuelas. Esto no hace más que agravarse, pues quienes tienen dinero no necesitan esfuerzo para conseguir más, y quienes no lo tienen ven como cada vez deben esforzarse más para conseguir mantener el nivel de vida de las esfuercijuelas. La pregunta que me sobreviene es, ¿qué hemos avanzado desde la época feudal?

Lo digo en serio.

No veo una gran diferencia entre los campesinos y los señores feudales y la actual clase obrera y los dueños de las grandes fortunas. Nos hemos globalizado, tecnificado, hiperconectado y motorizado, pero seguimos funcionando de la misma forma. Quizás en la antigüedad, por las dimensiones sociales de entonces, el enemigo estaba más claro. Hoy en día el enemigo es algo difuso, es una pequeña élite a la que nadie sabe ubicar demasiado bien, pero que existe, sin duda.

La globalización mal organizada trae, además, un cambio en las reglas del juego que solo beneficia a unos cuantos. De repente, en países donde se ha luchado y sufrido mucho por conseguir ciertos derechos laborales, los trabajadores deben – debemos – competir con los de otros países en los que no existen estos derechos, creando una competencia desleal. Mientras nadie regule esta situación a nivel global, no podremos hablar de justicia social. Creo que debemos avanzar hacia un cambio de modelo. Me parece acertado partir del capitalismo – no creo en el comunismo -, pero está claro que actualmente este sistema presenta serias deficiencias que debemos subsanar si realmente queremos un mundo más humano y más justo.

Obviamente, el cambio debe venir desde los que llamamos países del primer mundo. Se me ocurren algunas propuestas con las que empezar, pero las compartiré en una publicación aparte, ya que el asunto da lo suficientemente de sí. Dejémoslo aquí a modo de introducción.

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Una respuesta a Algo no funciona

  1. flori dijo:

    Estoy de acuerdo contigo totalmente, además agregaría que existe como consecuencia de lo que has expuesto la esclavitud, igual o peor que antes. Antes el esclavo sabia que lo era. Hoy en día muchos sienten la indignación y no saben bien porque.
    El tema tiene mucha tela que cortar.
    😉

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