Bajo el sicómoro

Cuando tenemos los grandes tesoros delante de nosotros, nunca los reconocemos.

El Alquimista — Pablo Coelho

Advertencia: si no has leído El Alquimista, debes saber que en esta entrada se desvelan partes importantes de la trama.

No pretendo hacer un resumen de la obra de Coelho. Poca gente queda que no haya leído el libro, y mucha menos que no haya oído hablar de él. Tan exitoso es que mucha gente gusta de denostarlo, tanto a él como al autor. Tampoco voy a entrar en si la obra reviste mayor o menor calidad o si hay mejores libros que abundan en las mismas cuestiones. Yo particularmente lo leí durante un viaje de ida y vuelta al centro de Barcelona en metro y fue un libro que me dijo mucho con muy poco, lo cual siempre es de agradecer en un mundo que gira tan deprisa.

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Jueces

El poder consiste en hacer pedazos las mentes humanas y volver a unirlas en nuevas formas que elijas.

1984 – George Orwell

Nunca me ha gustado juzgar a las personas. Critico, comento, opino, pero no juzgo, y mucho menos sentencio. Supongo que todos nos equivocamos — yo especialmente — y lo importante es si aprendemos de ello o si persistimos en nuestros errores. Más que lo que hacemos, lo que nos define es cómo asumimos las consecuencias de ello. La perfección es aquello que se adquiere cuando ya se han cometido todos los errores posibles, por eso es solo una idea irrealizable. Como seres sintientes, emocionales e imperfectos, tenemos tendencia a equivocarnos y tomar decisiones poco afortunadas.

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Pájaros en la cabeza

Salta aunque nadie te comprenda
Por encima de cabezas huecas
Salta como un gato
Tú no eres un pájaro enjaulado

Salta – Amaral

Nunca me han gustado los pájaros enjaulados; me parece una crueldad. Más que eso: una aberración. Los pájaros son el paradigma de la libertad, volando de un lado para otro. Livianos. Gráciles. Me viene a la mente también aquella canción que decía «libre, como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar», que empleaba directamente la palabra «prisión» para designar la jaula. No es para menos. Un ser diseñado para revolotear metido en un pequeño espacio lleno de barrotes no es precisamente algo que revista coherencia.

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Vasos comunicantes

Soñaba el ciego que veía, y soñaba lo que quería.

Refranero español

Tras despedirme de mis compañeros de trabajo, bajé la tapa del portátil y me fui a la playa. En lo que ya se ha convertido en una rutina, cogí la barca y puse rumbo a alguna cala en la que evadirme durante unas horas entre pinos, rocas, agua clara y la cacofonía de la naturaleza. No es algo que  pueda elegir, ya que el viento, las olas y, por supuesto, los demás barcos, determinan. Con echar un vistazo a las banderas y las olas ya sé adonde debo dirigirme para cobijarme lo mejor posible.

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Cala Bona

Encetem es dia amb un bon cafè i una mica de pa amb tomàquet, oli d’oliva i unes rodanxes d’espetec. Agafem força i ens fem a sa mar des de sa badia de Tossa. Anem a cercar es paradís i, si no el trobem, quelcom que s’hi assembli. No cal dir que es paradís ha de tocar es mar, i és per això que el cerquem des d’allà. Seguir leyendo

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Rémoras

La velocidad pura, cuya finalidad no es ganar tiempo sino huir del tiempo y de todos los lastres que arrastra la duración.

Amélie Nothomb — El Sabotaje Amoroso

A lo largo de mi carrera profesional he cambiado de trabajo a menudo. Si bien es cierto que mi sector lo propicia y tengo la suerte de poder surfear por el mercado, también adolezco un poco del síndrome del explorador. Me encanta aprender cosas, enfrentarme a retos, abrir nuevos horizontes. Podemos llamarlo ser inquieto, también. No en vano me paso la vida en nuevos cursos para ampliar mi abanico de conocimientos.

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Estanque

Lo único que no cambia es el cambio.

Heráclito de Éfeso

La vida es fluir. Un incesante torrente de eventos, decisiones, personas, penas y alegrías que nos arrastran en distintas direcciones, pero siempre en el mismo sentido. Podemos decidir como fluimos: si a toda máquina o a velocidad de crucero; si nos alejamos mucho de la ribera o si andamos siempre cerca, por si hubiera que agarrarse; si nos quedamos en la superficie o profundizamos para ver si tocamos fondo. Todas las opciones son válidas. Cada uno elige vivir la vida como mejor le plazca. Solo hay una opción que nos está vedada: estancarse.

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Lo que late

Fue un salto ínfimo
Disimulado
Un mínimo cambio de ritmo apenas
Un paso cambiado
Y dos cuerdas que resuenan como un mismo número en distintos dados
O el paso exacto de los soldados
Como dos focos intermitentes
Súbitamente así
Sincronizados

[…]

Te vi cambiar tu paso
Hasta ponerlo en fase
En la misma fase que mi propio paso

La Trama y el Desenlace — Jorge Drexler

Cuando trabajaba con un compañero chileno me pasaba el día escuchando cosas como «buena onda» o «qué onda». En América usan la palabra «onda» de forma homologable a como los españoles usamos «rollo». Creo que onda está más preñada de significado en el caso de las relaciones humanas.

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Degradación

¿Mama? Ayer pregunté a mi papa, cuando llegué a la casa: «y, la mama, ¿dónde está?»

¿Mama? Cuando llegué a la casa, y me contestó mi papa: «que la mama ya no está».

Mama — Jarabe de Palo

La vida es degradación.

Hace ya unos días que murió Pau Donés Cirera, vocalista de Jarabe de Palo. La noticia me tocó. El álbum «La Flaca» forma parte de la banda sonora de mi vida. Me pilló adolescente, con la piel fina y en el momento adecuado para arraigar en el subconsciente. Es de los pocos discos que sigo escuchando hoy día, más por nostalgia que por gusto musical. Obviamente, hubo una flaca a la que identificar con la canción, y su correspondiente desamor, también asimilable al tema que cierra el disco. Aunque, sin duda, la canción con la que me identificaba totalmente era «No suelo compararme». Aquel tipo al que describía y que correspondía con la estética de Pau, podía ser yo: pelo largo, desafeitado, botas y tejanos. Un tipo al que se le caía el pelo «como a todo el mundo» y que, si creías que «era un echao’ pa’lante», si habías visto en él «a un caballero andante», te habías «equivocado».

En ocasiones también quería «ser un pájaro», «salir volando, subir muy, muy alto, con la mirada siempre fija pa’lante sin importar lo que hubiera debajo». Buscar la soledad, huir de las miradas, de las conversaciones intrascendentes, de mis semejantes. En eso no he cambiado. Sigue gustándome ser «dueño de mi silencio» y, «si no te hablo, será porque no quiero volverme esclavo de mis palabras». «Si no te hablo, será porque prefiero ser el dueño de mi silencio». A veces es mejor dejar tinta en el tintero que desparramarla con furia y dejar una horrible marca imborrable o, lo que es lo mismo, dar jarabe de palo.

Pau es Pablo en catalán, pero ¿sabes? También significa «paz». Descansi en pau; descansi en Pau (Descanse en paz; descanse Pablo).

Observaba el otro día a la perrita. Ya está vieja. Se pasa el día durmiendo, apenas consciente de lo que la rodea. Perdió un ojo al rasgárselo con una zarza, y la visión del otro por cataratas. Tiene un par de tumores y le faltan dientes. Su columna vertebral está arqueada y los cuartos traseros apenas la sostienen. Se tambalea y le resbalan. Pasa días sin comer porque, sencillamente, ni se acuerda. Ni siquiera recuerda dejar de dormir para orinar, así que lo hace mientras duerme. Toca poner empapadores. Aun así, a veces, me acerco a ella, me huele, y durante un instante mueve el rabo y restriega el morro por el suelo en señal de alegría y parece rejuvenecer.

Recuerdo cuando llegó a casa, una cachorrilla asustadiza que cabía en mi mano. Recorría la casa de un lado al otro lloriqueando; buscando, supongo, a su madre y a sus hermanos. Era Nochevieja y decidí quedarme en casa con ella, los dos solos, para que no pasase miedo con los petardos. Cuando empezaron a sonar, se acurrucó conmigo en la cama temblando y no salió de ahí. Desde entonces, siempre que me veía quería dormir a los pies de mi cama. Cuando podía subir a una cama, claro. Ahora apenas puede salir del capazo.

El tiempo todo lo degrada, es ley de vida. Nada es para siempre, que se dice. La degradación está presente siempre que hay vida. Somos meros portadores de unos genes que debemos, o deberíamos, transmitir. Perdurar solo rompe esa cadena, ese mecanismo de refinamiento y selección de los mejores genes. Debemos degradarnos hasta morir para asegurar la correcta evolución y adaptación al medio de nuestra especie. Por ello nacemos con un temporizador. Vivir es degradación, es mellar nuestros sentidos, marchitar nuestra belleza y atenuar la luz de nuestra mirada de a poco hasta apagarla. Ni un solo día pasa sin que el tiempo lo degrade todo.

Lo bonito y cruel de todo esto es que de las cenizas de lo degradado surge lo nuevo, lo que ha de degradarse, pero cuyo fin no se vislumbra todavía. Estar en la flor de la vida no es más que no poder contar cuántos pétalos quedan por caer.

«Hace tiempo alguien me dijo cuál era el mejor remedio cuando, sin motivo alguno, se te iba el mundo suelo. Y, si quieres, yo te explico en qué consiste el misterio: que no hay cielo, mar, ni tierra; que la vida es un sueño».

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Soledad

Me descalcé y así las chanclas. Caminé por la arena, hundiendo los pies en ella, notando los granos escurrirse entre los dedos, como muchos de mis sueños. Estaba fría, igual que la noche de verano en la que me hallaba, con el cielo despejado y estrellado observándome. Anduve entre las barcas, buscando la orilla, ese lugar mágico donde dos mundos se tocan, se acarician, se besan. El mar y la tierra, inseparables, pero irreconciliables. Cuando llegué a mi destino, allí estaba ella, sentada a la orilla, abrazada a sus piernas mientras miraba al horizonte. Al percatarse de mi presencia, dibujose en su cara una sonrisa lobuna, casi de placer, mas no me dedicó ni una fugaz mirada.

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